lunes, 25 de abril de 2011

Especie en extinción



Cualquier futbolero de ley, cuando va a jugar un partido ya sea amateur o profesional, se pelea con los demás integrantes del equipo para usar una camiseta: la 10. Es que este número simboliza al futbolista diferente, al hombre capaz de dejar a un compañero solo frente al arco, de realizar de la nada una jugada imposible que deje en ridículo al rival, y de ganarse la idolatría máxima de su hinchada, y el hostigamiento constante del público adversario. Sin embargo, en la actualidad existen muy pocos enganches en la Argentina.

La incorporación del concepto europeo de fútbol, de realizar un pressing constante al rival para achicarle los espacios, lo que lleva a que se corra más y se piense menos, sumado a un resultadismo aplicado al extremo, que hace que muchas veces el deseo primario de ganar se modifique en no perder, lograron que el tradicional 4-3-1-2 utilizado por la gran mayoría de los equipos varié a un cada vez más habitual 4-4-2. Así, se crearon figuras nuevas como el doble 5, el mediopunta y volantes externos, que desencadenó en que las divisiones inferiores nutran a la primera división con jugadores capaces de cumplir con estas flamantes posiciones, por sobre los volantes creativos, al punto de llevarlos al borde de la desaparición.

Para saber si está tendencia se puede revertir, y si se está haciendo algo para ello, PUROS LUJOS dialogó con tres personas destacadas en lo que se refiere a formadores de promesas de fútbol: el coordinador de las divisiones inferiores de Vélez, Pedro Larraqui; el ex entrenador de la selección Sub 17 y Sub 20, Hugo Tocalli y el técnico general del fútbol infantil de Boca, Ramón Maddoni.

“Números 10 se continúan sacando, lo que pasa es que después los técnicos lo utilizan en otros sectores de la cancha. Sucedió acá en Vélez con Maxi Morales y el Bebu Velásquez, enganches puros, que Gareca los colocó más a los costados. El tema es que, al casi todos marcar con dos líneas de cuatro, y presionarse más, el jugador tiene que retroceder unos metros para tomar contacto con la pelota”, dice Larraqui, alguien acostumbrado a descubrir talentos que luego se consagran en la primera del club de Liniers. Y agrega: “Mientras siga habiendo tan pocos espacios para jugar, menos diez van a haber”.

Más pesimista es el diagnóstico que entrega Hugo Tocalli, ya que indica que “la Argentina está sufriendo lo mismo que le pasa al mundo, se perdió la esencia de jugar con un volante creativo, por esto uno de chiquito al jugador ya lo empieza a poner de volante central o volante externo. Así, ves a jugadores como Alejandro Gómez o Mauro Formica, tipos capaces de poner pelotas profundas y de llegar al gol, que se los coloca como segunda punta y triunfan igual”.

Pero hay un testimonio que refleja de la mejor manera por qué se llego a esta situación. Es el del descubridor de Juan Riquelme, Federico Insúa, entre otros, Ramón Maddoni, quien subraya: “Yo en las inferiores juego con un 4-3-3. Mi misión es sacar jugadores, en especial delanteros y mediocampistas. Así que yo en vez de sacar enganches, saco más delanteros, y a la larga, el que más sabe, el mejor, lo tiras un poquito más atrás, y listo, te cumple la función de enganche”.

Realidad pura, que por ahora parece muy difícil que pueda cambiar en un futuro cercano.

En definitiva, habrá que acostumbrarse a vivir esta nueva etapa del fútbol, sin que alguien haga gala de su mejor repertorio con la 10 en la espalda.


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