viernes, 8 de julio de 2011

Una selección que no esta chocha con el Checho

Agosto del 2010. Argentina enfrentaba en Dublín a Irlanda. En medio de las acusaciones y peleas cruzadas entre Diego Maradona, Julio Grondona y Carlos Bilardo, Sergio Batista, entrenador que dejó afuera al Sub 20 del Mundial Egipto 2009 ( a pesar de ser el máximo ganador de la categoría con cinco títulos) asume interinamente. El representativo nacional venció 1 a 0 con gol de Ángel Di María. Al finalizar el partido, Lionel Messi, quien había tenido una aceptable actuación - regular si se tiene en cuenta el nivel que despliega habitualmente en España- dijo: “Me sentí muy cómodo. El equipo intentó jugar a lo que hace el Barcelona”.
Grondona tomó nota. Y el Checho, que ya había puesto en manifiesto públicamente sus ganas de estar en la mayor, después de ganar la medalla de oro en Beijing 2008, cuando Basile tambaleaba en el cargo, fue por más, y para el amistoso ante España citó a dos grandes amigos de Messi: Gabriel Milito y Oscar Ustari.
Y Argentina, ese 7 de septiembre del 2010 goleó en el Monumental 4 a 1 al flamante campeón del mundo, que jugó con mayoría de suplentes, sin actitud, para cumplir con el calendario. Allí Grondona no dudó. Tenía en Batista, un tipo laburador tácticamente, de muy bajo perfil, bancado por Messi, que hasta podría aceptar “sugerencias” de quien maneja la AFA desde 1979, el candidato ideal. En definitiva, el Checho era la antítesis perfecta de Maradona, después de todo lo que había vivido (y sufrido) Grondona con el 10.
Confirmado Batista en el puesto, el ex volante central campeón en México 86 pensó que al tener en Messi su as de espadas, la única de forma de hacerlo sentirlo cómodo era imitando al Barcelona. Como si la perfección formada en años de trabajo, forjada en el semillero, podría adquirirse en, como máximo, 20 días de preparación. Así, armó en la selección un 4-3-3. Puso en Cambiasso y Banega, para hacer las funciones de Xavi e Iniesta. No se dio cuenta que el Cuchu tiene más marca, y necesita para poder rendir, jugar delante de un cinco de marca, y no en un costado, en donde exhibe toda su lentitud. Tampoco percató que el ex Boca es un futbolista muy irregular.
Así y todo, la idea funcionó en los amistosos y le ganó a Brasil 1 a 0 y a Portugal 2 a 1. Aunque el nivel nunca fue del todo bueno.
Cuando llegó la hora de hacer la lista para la Copa América, el Checho, asediado por su poca popularidad, y la presión de tener a Tevez, el jugador del pueblo, fuera de sus planes, decidió incluirlo entre los 23. No solo eso: le dio la titularidad. Así, atrás habían quedado sus palabras sobre porque el ídolo popular no estaba en su consideración.(¿cuánto habrá tenido que ver la reacción de Tevez contra Grondona por la no continuidad de Maradona?). También, muy, pero muy atrás, había quedado su credibilidad.
Y comenzada la Copa América, la primera gran prueba de su proceso, Argentina empató ante Bolivia, de lo más pobre del continente, y contra Colombia, un conjunto con buenos jugadores, aún en formación. El nivel exhibido hasta el momento fue muy pobre, con muy poco fútbol, casi sin llegar al arco rival, salvo por alguna individualidad. Y su as de espadas, Messi, está muy incómodo en el plan que él mismo había planeado. Ahora deberá ganarle sí o sí a la Sub 23 de Costa Rica, para poder acceder a los cuartos de final, y aún soñar con el primer título en mayores después de 18 años.
¿El desenlace? Ojalá sea el mejor para todos los argentinos.

miércoles, 27 de abril de 2011

Hasta que la pasión los separe

-Amor, ¿te parece bien casarnos el 12 de diciembre?
-Si, si amor está bien… como vos quieras- le contestó Maximiliano, casi sin escucharla, con los ojos y su mente pegados al televisor, viendo como los Loserts ganaban en el primer partido del campeonato. Era poco habitual que este hombre de 28 años no prestara atención a Milagros, a esa mujer alta, rubia, de ojos verdes, y curvas más peligrosas que el circuito de Montecarlo, que estaba junto a él hace cinco años, desde que fueron compañeros en la facultad de Derecho. Pero este no era un torneo más para el equipo de Mataderos: necesitaba sacar como mínimo 35 puntos para no volver a la B. Una verdadera utopía si se tenía en cuenta que en los últimos cuatro años había descendido tres veces. Sin embargo, era muy fuerte el vínculo que tenía Maximiliano con los Loserts, desde que su viejo lo llevó a verlo a los 15 días de vida. A partir de ahí esa institución se volvió en la única razón de su vida. Mejor dicho, en la segunda, después que se le cruzó Milagros en su camino.
-Entonces el domingo que viene vamos a darles la tarjeta de invitación a mis tíos.
-No, los Loserts juegan el clásico con los Bests…
-Pero si pierden siempre contra ellos. Aparte el casamiento es algo único en la vida. En cambio un partido de fútbol es algo habitual para vos.
Maxi agachó la cabeza y no contestó. Y cuando llegó el día, en la casa de Rómulo y Eva, ni se percató de lo que sucedía a su alrededor. Es que toda su concentración volvía a estar en los Loserts. No podía creer que en los primeros dos encuentros hayan conseguido dos victorias. No podía creer que el Ogro Santillán, el mismo al que siempre insultaba por visitar más los boliches que los entrenamientos, fuera tan imparable para los defensores rivales. No podía creer que el Pato Aguilar, al que lo apodaba Clemente, estuviera tan inexpugnable.
Fueron pasando las semanas, y los Loserts seguían barriendo a sus rivales. Hasta los compañeros de laburo, que siempre lo mofaban por su cara de culo todos los lunes, le decían que iban a salir campeón. Por cábala, Maximiliano trataba de no pensar en esa palabra tan sagrada. Pero tenía una corazonada que le decía que algo muy bueno podía pasar. Sacó de la billetera el fixture que tenía y se fijó cuando terminaba el campeonato. Su rostro se puso blanco con lo que había visto. El último partido, en el que los Loserts podían dar la vuelta olímpica de local era el ¡12 de diciembre! Sí, la misma fecha en la que iba a casarse con su Milagros. Los dos amores de su vida se cruzaban por algo muy especial y mágico el mismo día.
Maxi decidió dejar pasar el tiempo. Pensaba que era imposible que los Loserts pudieran salir campeón. Si ese club existía solamente para hacer sufrir a su hinchada tan seguidora.
Sin embargo, el destino le dio una enorme cachetada a Maximiliano. Llegó el 10 de diciembre, y los Loserts con solo un punto lograban el título. Entonces tomó el toro por las astas y llegada la noche le dijo a Milagros:
-Amor, ya sé que está todo preparado, pero no podemos casarnos el 12. Ese día los Loserts pueden salir campeón, y quiero ir a la cancha y vivir ese momento. Es algo que se da una vez en la vida.
-Y el casamiento también. Ya estoy cansada de estos planteos. Decidí. O yo, o los Loserts.
Maxi lo pensó detenidamente y tomó una decisión.
Y ese 12 de diciembre Maximiliano estuvo en la cancha, sufriendo hasta que en el minuto final el Ogro Santillán marcó el empate. Los Loserts lograban el campeonato. Pero fue tal la emoción que el corazón a Maxi se le detuvo.
Y cuando despertó en el hospital, después que le pusieron dos by pass, lo hizo con una certeza: había tomado la mejor determinación. Si al fin y al cabo, un Milagro lo acompañará a Maximiliano el resto de su vida: el de haber visto a los Loserts campeón del fútbol argentino.

martes, 26 de abril de 2011

Sol, arena mar y fútbol


Más de dos millones de personas eligieron Mar del Plata en 2011 para olvidar los tráficos incesantes de la ciudad, sus problemas laborales, sus rutinas diarias; con el objetivo de recargar las pilas y comenzar el año de la mejor manera. Sin embargo, hay algo que la gran mayoría de esos turistas no dejaron de lado, y tuvieron bien presente tanto en enero como a lo largo de los 365 dìas del año, por más estresante que resulte: la pasión por su equipo favorito.

Algunos de esos futboleros de ley encontraron en La Feliz su sitio sagrado: el Balneario 12 de Punta Mogotes, lugar en el conviven árbitros, jugadores, técnicos, hinchas, y dirigentes de distintas instituciones, todos con la mejor onda, sin ningún síntoma de violencia. “Lo que pasa es que el B-12 es el balneario del fútbol argentino, todo el fútbol pasa por acá, somos la única playa con esta temática”, dice Augusto Digiovanni, rosarino de 32 años, ex jugador de la Séptima de Lanús, Cuarta de River y Reserva de Platense, quien actualmente se encarga de administrar este parador de octubre a Semana Santa, para después en Buenos Aires hacer relaciones públicas en el club se sus amores, Boca Juniors.

-¿Cómo fue que nació el Balneario 12?

- Fue hace 25 años en Mar del Plata, a dos balnearios de donde está ahora. Antiguamente mi papá y sus amigos iban a otro balneario, que fue el primero en tener una canchita de fútbol de tierra compactada, ni carpeta de cemento había en ese entonces. En ese balneario se encontraban un montón de jugadores de ese tiempo, como Griguol, Artime padre, Onega, Solari. Y como se hizo tan popular, y había tanta gente, y en una sola cancha no se podía jugar todas las tardes, entre diez y doce amigos compraron el actual Balneario 12. Sacaron carpas e hicieron tres canchas de fútbol, y la gente que estaba en aquel balneario los siguió.

-¿Cómo hicieron para que pudieran convivir en paz hinchas de distintos equipos?

-Porque es el balneario del fútbol. El fútbol nos une a todos: cuando se juega el Mundial el Mundo se para. Nos une esa pasión que hace que nos odiemos y nos carguemos, sin violencia, que uno diga “soy de River”, que otro diga “soy de Boca”, “soy de Merlo”. Que cada uno exprese el equipo de sus amores.

-Pero, ¿nunca hubo un hecho de violencia?

-Jamás, al contrario. Muchos vinculan el nombre 12 con Boca, pero este año vino a entrenar River y para nosotros fue un lujo, un placer, tocamos el cielo con las manos. Un día entrenaron a la misma hora, en el mismo lugar, Independiente, Banfield y Colón. Eso te demuestra lo bueno que es el ambiente del fútbol, la buena gente que lo compone. Las buenas personas son la mayoría.

-¿Y por qué en las canchas se ve algo muy distinto todos los fines de semana?

-Pasa que la realidad no es esta. Acá vienen con otro humor, otra predisposición, sin las exigencias del año se toman las cosas de otra manera. Durante el año el estadio de fútbol es la vía de escape, vas a gritar con el que estás al lado un gol, que ni lo conoces, y ahí te sacas un montón de líos de la semana.

-Siendo hincha de Boca, y trabajando en el club ¿soñas con qué alguna vez dejen Tandil, y vengan al B-12?

-Ojalá Boca venga a Mar del Plata. Mi deseo más ferviente el día de mañana es ser dirigente de Boca, y traer a Boca a Mar del Plata. Lo haría entrenar todos los días en el estadio a puertas abiertas para que toda la gente lo pueda ver, sortearía camisetas. Mar del Plata en enero es la ciudad más federal del país, y les abriría las puertas para que conozcan el Mundo Boca.

-Por el B-12 pasaron Maradona, Riquelme, Palermo, Ortega. ¿Quién falta?

-Leo Messi. También Batistuta, a quien nunca pude conocer, Caniggia, Carlitos Tévez; pero el que más deseo que venga es a Messi.


lunes, 25 de abril de 2011

Especie en extinción



Cualquier futbolero de ley, cuando va a jugar un partido ya sea amateur o profesional, se pelea con los demás integrantes del equipo para usar una camiseta: la 10. Es que este número simboliza al futbolista diferente, al hombre capaz de dejar a un compañero solo frente al arco, de realizar de la nada una jugada imposible que deje en ridículo al rival, y de ganarse la idolatría máxima de su hinchada, y el hostigamiento constante del público adversario. Sin embargo, en la actualidad existen muy pocos enganches en la Argentina.

La incorporación del concepto europeo de fútbol, de realizar un pressing constante al rival para achicarle los espacios, lo que lleva a que se corra más y se piense menos, sumado a un resultadismo aplicado al extremo, que hace que muchas veces el deseo primario de ganar se modifique en no perder, lograron que el tradicional 4-3-1-2 utilizado por la gran mayoría de los equipos varié a un cada vez más habitual 4-4-2. Así, se crearon figuras nuevas como el doble 5, el mediopunta y volantes externos, que desencadenó en que las divisiones inferiores nutran a la primera división con jugadores capaces de cumplir con estas flamantes posiciones, por sobre los volantes creativos, al punto de llevarlos al borde de la desaparición.

Para saber si está tendencia se puede revertir, y si se está haciendo algo para ello, PUROS LUJOS dialogó con tres personas destacadas en lo que se refiere a formadores de promesas de fútbol: el coordinador de las divisiones inferiores de Vélez, Pedro Larraqui; el ex entrenador de la selección Sub 17 y Sub 20, Hugo Tocalli y el técnico general del fútbol infantil de Boca, Ramón Maddoni.

“Números 10 se continúan sacando, lo que pasa es que después los técnicos lo utilizan en otros sectores de la cancha. Sucedió acá en Vélez con Maxi Morales y el Bebu Velásquez, enganches puros, que Gareca los colocó más a los costados. El tema es que, al casi todos marcar con dos líneas de cuatro, y presionarse más, el jugador tiene que retroceder unos metros para tomar contacto con la pelota”, dice Larraqui, alguien acostumbrado a descubrir talentos que luego se consagran en la primera del club de Liniers. Y agrega: “Mientras siga habiendo tan pocos espacios para jugar, menos diez van a haber”.

Más pesimista es el diagnóstico que entrega Hugo Tocalli, ya que indica que “la Argentina está sufriendo lo mismo que le pasa al mundo, se perdió la esencia de jugar con un volante creativo, por esto uno de chiquito al jugador ya lo empieza a poner de volante central o volante externo. Así, ves a jugadores como Alejandro Gómez o Mauro Formica, tipos capaces de poner pelotas profundas y de llegar al gol, que se los coloca como segunda punta y triunfan igual”.

Pero hay un testimonio que refleja de la mejor manera por qué se llego a esta situación. Es el del descubridor de Juan Riquelme, Federico Insúa, entre otros, Ramón Maddoni, quien subraya: “Yo en las inferiores juego con un 4-3-3. Mi misión es sacar jugadores, en especial delanteros y mediocampistas. Así que yo en vez de sacar enganches, saco más delanteros, y a la larga, el que más sabe, el mejor, lo tiras un poquito más atrás, y listo, te cumple la función de enganche”.

Realidad pura, que por ahora parece muy difícil que pueda cambiar en un futuro cercano.

En definitiva, habrá que acostumbrarse a vivir esta nueva etapa del fútbol, sin que alguien haga gala de su mejor repertorio con la 10 en la espalda.