
Con la llegada de Daniel Passerella, la presencia de un ídolo en el banco como Leonardo Astrada, y la buenas apariciones de juveniles como Daniel Villalba, Rogelio Funes Mori, entre otros, el servicio meteorológico anunciaba en enero un sol pleno, sin nubes en el Monumental. Sin embargo, en el Torneo Clausura un equipo apático, sin fútbol, con enormes problemas en la definición y en defensa, devolvieron los nubarrones ya acostumbrados por estos años en el Monumental, con la amenaza de un tsumani, que promete llevárselo todo: el bajo promedio en la tabla del descenso, que hace que River, aunque parezca increíble, vea en la próxima temporada seriamente comprometida su permanencia en Primera División.
Echarles toda la culpa del momento actual a Passarella y a Astrada sería una enorme crueldad e injusticia. Si bien en su segunda etapa como entrenador el Kaiser se equivocó en hacer gas
tar mucho dinero en jugadores que nunca rindieron como Mauro Rosales, Leonardo Ponzio, Marcos Rubén, Juan Ojeda, entre otros, ahora como presidente recibió un club saqueado, con muchas deudas, en el que no se nota para nada las ventas millonarias realizadas en el último tiempo (la última la de Falcao García), ya que sus arcas están vacías de dinero.Lo mismo sucede con Leonardo Astrada, quien aunque erró en el planteamiento de algunos partidos, como el último clásico con Boca, tomó a mitad del campeonato pasado un plantel mediocre, con futbolistas que desde que fueron campeones en el Clausura 2008 , cumplieron su ciclo, como Oscar Ahumada, Cristian Villagra, Matías Abelairas, entre otros. Para colmo, perdió por un hecho poco común al único elemento desequilibrante del equipo, Diego Buonanotte.
Sin duda, los culpables de esta actualidad son los anteriores dirigentes, encabezados por José María Aguilar, y secundados por Mario Israel, Rodolfo Cuiña, Domingo Díaz, entre otros. Con estas autoridades, River salió último por primera vez en la historia en el Apertura 2008, quedó eliminad
o en primeras rondas de Copa Libertadores con rivales de jerarquía en el continente como Caracas de Venezuela y Nacional de Paraguay, y se llenaron de sangre las tribunas con las peleas entre los barra bravas. Además, se vendieron a figuras como Fernando Cavenaghi, Andrés D` Alessandro, Luis Gonzalez, Javier Mascherano, entre otros para incorporar a jugadores Miguel Paniagua, Javier Cohene Mereles, Gustavo Oberman, Leonardo Talamonti, entre otros de una larga lista que solo pocos recordarán que algunas vez tuvieron la banda roja cruzándole el pecho.En definitiva, ojalá que a River nunca más en su historia le suceda este caótico presente, y pueda resurgir de las cenizas, para volver a ser el club distintivo que era admirado en gran parte de la Argentina, y el mundo entero.